HOMILIA 2 DOMINGO DE PASCUA
SEGUNDO DOMINGO DE PASCUA
Ciclo C
Hechos 5, 12-16
Apocalipsis 1, 9-11a.12-13.17-19
Juan 20, 19-31
Aurelio Ferrándiz García
Parroquia Ntra. Sra. de Belén
Bigastro
JESUCRISTO RESUCITADO NOS DA SU PAZ
Durante el tiempo de pascua, hemos de abrir los ojos de la fe a la persona de Jesucristo, que ha resucitado, y se hace presente en nuestra vida para regalarnos su presencia que es alegría, que es envío, que es perdón de los pecados, que es paz y creer con el corazón.
“Estaban los discípulos en una casa con las puertas cerradas… se puso en medio” PRESENCIA
¡Qué importante es sentir en estos días de pascua la presencia de Jesucristo en nuestra vida! Pero sentir su presencia en medio, en el centro de nuestra vida diaria, repleta de miedos, como los discípulos. El Señor resucitado no se esconde por los rincones, no se va por las orillas, sino que se “pone en medio”. Es así como necesitamos sentir la presencia del Resucitado: “en medio”, es decir, en el centro, donde más se nota, donde más se percibe, donde y cuando más se precisa.
El miedo nos hace encerrarnos en nuestros complejos y temores, bloqueos y desalientos, pero el Señor se pone en medio, porque le importa nuestra vida, le importamos nosotros. Nos pasamos la vida lamentándonos y quejándonos, por miedo a nosotros mismos y a los demás. En este domingo el Señor vivo y resucitado quiere ponerse en medio de nuestros miedos y cansancios, para infundir en nosotros gozo y alegría.
“Los discípulos se llenaron de inmensa alegría al ver al Señor” ALEGRÍA
¿Qué otra cosa puede despertar el Señor en nosotros si no es alegría y confianza? Su presencia en nuestra vida siempre da gozo y alegría. Si has comenzado la pascua sin esta actitud tan importante, como es la alegría, tal vez sea porque no has reconocido en medio de tu vida al Señor resucitado. Por grandes que sean nuestros miedos y preocupaciones, la presencia del Resucitado es algo inesperado y desbordante, capaz de despertar alegría en nuestro corazón. ¿Sientes la alegría del que se ha encontrado en su vida el tesoro escondido y la perla preciosa? Jesucristo, que nos llama a la esperanza, nos llena, no de un poco de alegría, sino de “inmensa alegría”.
“Como el Padre me ha enviado así también os envío yo” ENVÍO
Esta experiencia no es sólo para nosotros sino para compartirla con los demás. El Señor nos envía por el mundo para testimoniar su presencia en nuestro mundo. Es Jesucristo el que nos acompaña en la misión y el que nos da fuerzas y aliento. Por ello, el tiempo de pascua es un tiempo de misión. Somos portadores de la experiencia más grande que el mundo pueda conocer: la presencia del resucitado, el único capaz de infundir paz, perdón, vida nueva, vida de Dios y alegría verdadera. No debemos permanecer encerrados en la casa, prisioneros de nuestros propios miedos y complejos. El mundo necesita nuestro testimonio. Somos testigos del resucitado, él nos ha enviado y nos dará la capacidad para realizar tal misión.
“Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados les quedan perdonados” PERDÓN DE LOS PECADOS
¡Qué misión más positiva: perdonar los pecados! Borrar en el mundo toda la maldad, la fealdad, la inhumanidad. Perdonar los pecados es misión divina, y somos nosotros los destinatarios de tal misión. Para ello, se nos regala el Espíritu Santo, que es el amor de Dios. Sin amor no hay perdón. Para perdonar necesitamos el amor de Dios, tener su mismo corazón. Se perdonan lo pecados de las gentes con la absolución sacramental de los ministros de
“Paz a vosotros” PAZ
Es la paz del Crucificado-Resucitado. No es la paz de un cualquiera, de un propagandista de paz barata, sino del que enseña sus heridas provocadas por la violencia, la envidia y la agresividad de los demás. Él ahora es capaz de regalarnos la paz, porque durante su pasión pagó un alto precio, a través del perdón y la compasión. Es la paz de un ajusticiado traicionado, rechazado, juzgado, crucificado, la paz del Hijo de Dios, que murió amando y perdonando. Ésta es la paz que necesita el mundo, que necesitamos los hombres. Tu paz, Señor, cura nuestras heridas, tu paz es mi paz. Acoger tu paz significa acoger tu persona y tu amor por nosotros.
“Dichosos los que crean si haber visto” CREER CON EL CORAZÓN
El tiempo de pascua es un tiempo para abrir los ojos de la fe, que son los del corazón. Se cree con el corazón. Hemos de abrir nuestra alma y nuestro espíritu para acoger la maravillosa Noticia de que el Señor ha resucitado y vive presente en medio de nosotros. No necesitamos ver para creer, necesitamos abrir los ojos de la sencillez, de la humildad, de la bondad, de la positividad, de la confianza, para creer, y el Señor nos permitirá sentir sus manos, su costado y sus heridas que nos devuelven la fe y la alegría.
Nos dijeron de noche
que estabas muerto,
y la fe anduvo en vela
junto a tu cuerpo.
La noche entera
la pasamos queriendo
mover la piedra.
No supieron contarlo
los centinelas,
nadie supo la hora
ni la manera.
Antes del día
se cubrieron de gloria tus cinco heridas.
Si los cinco sentidos
buscan el sueño,
que la fe tenga el suyo
vivo y despierto.
La fe velando
para verte de noche
resucitando.
(José Luis Blanco Vega, Y tengo amor a lo visible, 161)



